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Envejecimiento demogrfico y consulting financiero

Mircoles, 18 de Enero de 2012
Envejecimiento y vejez

Apuntes de Demografía, Blog de Julio Pérez Díaz.

Durante demasiado tiempo la Demografía fue sólo “Estadística de Estado” y se dedicó a la contabilidad de un “haber”, la llamada “población”. Las características, experiencias, comportamientos o relaciones de los humanos no eran lo relevante. Las poblaciones eran un material a moldear y adaptar a necesidades políticas, económicas o ideológicas “superiores”.

Técnicamente esta definición de las poblaciones es un arcaísmo que nunca acertó en sus diagnósticos, y el análisis demográfico hace mucho tiempo que desplazó su interés precisamente hacia los comportamientos, características e historias vitales de las personas, hacia sus relaciones y hacia sus significaciones sociales. Pero la demografía ganadera no ha desaparecido. Ahora tiene nuevos amos.

Esto ocurre, primero, porque es “simple”, al alcance de cualquier aficionado, y segundo, porque sigue siendo poderosa en el universo de las representaciones, los discursos y la transmisión de “memes”. Cuatro cifras poblacionales bastan a cualquiera para hablar de millones de personas y de lo que hay que hacer con ellas. Todo tipo de natalismos y de neomaltusianismos han predicado la necesidad de fomentar o de frenar el crecimiento poblacional porque con ello se mejora la economía, el desarrollo, la defensa nacional (o la productividad empresarial, la competitividad internacional, la pujanza cultural frente a “los otros”…).

Esta megalomanía parecía declinar desde que los nacionalismos de Estado abandonaron las políticas natalistas para centrarse en políticas sociales (fomentando la calidad frente a la cantidad), desde que el mundo rico relajó las políticas de freno al “excesivo” crecimiento del mundo más pobre y desde que el ideario del family planing internacional se centró en la “salud reproductiva” más que en la reducción de la fecundidad.

Era un espejismo. La demografía ganadera siempre sirvió al poder y ahora, simplemente, esta cambiando de amo. El nuevo poder global es el financiero, y la demografía le sirve cada vez sirve más y mejor. Los “consultings” sustituyen progresivamente el papel de los ideólogos, y en su búsqueda de indicadores básicos, simples, universales, de fácil manejo y también de fácil manipulación, están redescubriendo con entusiasmo el arsenal demográfico más rancio. Ilustraré mínimamente a qué me refiero:

Los ejemplos podrían multiplicarse hasta la saciedad y en cualquier país. Se da la paradoja de que los analistas financieros entienden muy poco de demografía. Son más bien voceros de las ideas económicas dominantes, los tópicos comúnmente aceptados y las corrientes de opinión entre los inversores y las instituciones económicas internacionales. En otras palabras, lo que les interesa no es “la verdad” tras las ideas, sino “el impacto” de las ideas en el mercado.

De esta manera, si alguien piensa que el envejecimiento demográfico pone en peligro el pago futuro de la deuda pública (porque habrá más gasto futuro comprometido con los pensionistas), y esa creencia se extiende suficientemente entre los analistas financieros, entonces el envejecimiento demográfico efectivamente se convertirá en un factor que hará subir la prima de riesgo de la deuda. Nada importa si la predicción es correcta o no; la profecía provoca en sí misma aquello que profetiza. Nadie se ruboriza cuando le señalamos que, con ese razonamiento, Alemania o Suecia inspiran menos confianza al inversor que Venezuela o Nigeria. Lo absurdo de la situación no importa, si de esa manera puede invertirse en deuda alemana o sueca con mayor ganancia y a un riesgo que no es en realidad superior al de la venezolana o la nigeriana.

Si todo quedase en un juego de mercados e inversores podría parecer sólo una curiosidad más de los actuales tiempos financieros y su impacto en la economía global. Pero es que la demografía se ha convertido en argumento principal para justificar el desmantelamiento de los Estados sociales en todo el mundo.

En los años ochenta se produjo ya una primera ofensiva, de tipo político y con el objetivo de “controlar los excesos” y desde entonces instituciones como el FMI o la OCDE reiteran argumentos demográficos y proyecciones de población para convencernos de la necesidad de aplicar recetas económicas muy determinadas. Pero la ola actual de “ajustes” ya no es de control, sino de desmantelamiento, y ya no apela a ideologías ni a recetas económicas, sino a lo que quiere “el inversionista”. Sin ir más lejos, la reciente reforma (recorte en realidad) de las pensiones en España se anunció abiertamente como una medida necesaria para “tranquilizar los mercados”, y en el propio redactado de su proyecto la evolución demográfica es señalada como la causa principal que la hace necesaria.

De esta manera se cierra un círculo vicioso. Millones de personas se levantan cada día en todo el mundo buscando noticias y análisis económicos suministrados por los gurus de la prensa financiera internacional. Como los sacerdotes interpretan las escrituras para los fieles, los analistas financieros han descubierto que ellos pueden ser quienes lean la demografía con provecho para los inversores. Y lo que leen siempre es lo mismo: crezca o no la población, aumente o baje la fecundidad, aumente o disminuya la inmigración, mejore o empeore la supervivencia y la salud colectiva, la conclusión a la que llegan es siempre la misma: la demografía hace inviable lo público y aconsejable que la riqueza se gestione y se invierta en forma de capital de inversión privado.

La prosperidad y el progreso colectivos van acompañados de cambios en las dinámicas demográficas. Existe un umbral en el que la supervivencia hasta la vejez se generaliza, las fecundidades elevadas se hacen innecesarias y las pirámides de población cambian (véase aquí el concepto de Revolución Reproductiva). La nueva dinámica demográfica es mucho más eficiente y favorece también las dinámicas económicas, pero en ese proceso la parte que los Estados comprometen con el bienestar de sus ciudadanos crece también, y se vuelve un caramelo cada vez mayor para quienes se imaginan gestionándolo de forma privada.

Nada sorprendente, después de todo. Lo sorprendente es que los demógrafos no tengamos una función propia en todo esto. Y también que los propios estados den crédito a errores analíticos tan graves como el que interpreta el envejecimiento demográfico sin atender a los cambios sociales y económicos que le acompañan. Sin tales errores se haría evidente por qué las sociedades más envejecidas son las más desarrolladas, ricas y fiables.

Pero quizá no es un error. Quizá tales sociedades se han convertido en El Dorado de los buscadores de oro fácil, y purgan el pecado de haber avanzado demasiado respecto a otras que siguen sumidas en la miseria.

Apuntes de demografía. Blog de Julio Pérez Díaz. 10/1/2012. (leer texto completo en:
http://apuntesdedemografia.wordpress.com/2012/01/10/envejecimiento-demografico-y-consulting-financiero/)