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La educación en la Vejez. ¿realidad o fantasía?

Miércoles, 28 de Febrero de 2007
Artículos, experiencias, actividades

 

Dra. María Magdalena Rodríguez Fernández.
Dra. Maritza González Díaz
Boletín del Adulto Mayor
Programa Tercera Edad de Cáritas Cubana
Año 2 #3  Septiembre-Diciembre / 2006


Históricamente, la sociedad se ha mostrado receptiva a asumir la educación, formación y guía de los niños y jóvenes; pero no sucede lo mismo cuando se trata del grupo de personas mayores, y a pesar de todos los esfuerzos realizados, aún prevalecen representaciones sociales, estereotipos y numerosos prejuicios negativos acerca de la vejez.  Esta es una de las razones por las que la Gerontología incluye, como uno de sus propósitos, la atención educativa, con el fin principal de efectuar el estudio de las personas mayores como sujetos activos dentro del proceso de enseñanza- aprendizaje.

En el campo de la Gerontología, la educación ha sido reconocida como una herramienta idónea  para ayudar a los mayores  en su crecimiento humano, mejorar su  calidad de vida y de quienes le rodean y  optimizar las condiciones  del entorno. No obstante, durante un tiempo se  planteó cierta disquisición entre los términos Gerontología Educativa y Educación Gerontológica que, sin ser totalmente divergentes, difieren en algunas  concepciones con respecto a la forma de desarrollar las prácticas educativas con mayores.  

La Gerontología  Educativa fue descrita por Peterson como el estudio y práctica de las tareas de enseñanza dirigidas a y acerca de las personas envejecidas y el proceso de envejecimiento en la que está  implícita una triple perspectiva teórico-práctica, e incluye  tres ámbitos diferentes pero íntimamente relacionados entre sí. El  primero, se refiere a  educar a  personas de mediana edad o mayores, en la que tiene particular importancia profundizar en las características  del proceso de aprendizaje de las personas mayores para que la actividad educativa se corresponda con las necesidades individuales  o los contextos ambientales en los que se desarrolla. En realidad, la disciplina pretende prevenir los declives prematuros, facilitar roles significativos a las personas mayores y desarrollar o potenciar el crecimiento psicológico y el pleno disfrute de la vida, y para lograr tales propósitos  centra el  conocimiento  en los cambios intelectuales que se derivan del envejecimiento como tal y las adaptaciones instructivas y motivacionales que se imponen para lograr la participación activa de los mayores en las actividades socio-educativas.

Como segundo ámbito se cita el valor de  la educación del público en general en torno al envejecimiento y los mayores, con el objetivo fundamental  de  promover y facilitar   el cambio de actitudes  sociales, prejuicios, estereotipos negativos, etc., que prevalecen en todos los  sectores de la población hacia la vejez y que con frecuencia limitan los espacios sociales disponibles para los mayores. Por último, hace referencia a la capacitación del personal que  trabaja o pretende hacerlo  con mayores, lo que no es más que la formación de profesionales en el campo de la Gerontología y que no abordaremos  en esta ocasión, a pesar de su innegable importancia.

De esta forma,  la Gerontología Educativa facilita la realización de la intervención social a través de acciones educativas,  formales  o informales, tanto para ancianos como sobre ancianos, y  en todo momento la teoría y la práctica han de ser elementos inseparables. Con posterioridad, Radcliff profundiza y amplía el estudio de estos términos y establece los criterios que marcan la diferencia entre la Gerontología Educativa de la Educación Gerontológica, precisando que la primera se refiere en especial a todas aquellas actividades, programas, acciones e investigaciones encaminadas al aprendizaje de los educandos mayores; a la vez que  reserva el término de Educación Gerontológica para perfilar los contenidos de ese aprendizaje  o, lo que es lo mismo, la formación de profesionales o personas interesadas en la intervención con las personas mayores.

Intervención socio-educativa con mayores

Todas las acciones de intervención como tal tienen la finalidad de apoyar a las personas  en la identificación de sus problemas o necesidades y en la búsqueda  de posibles soluciones que  mejoren sus condiciones de vida, mediante el empleo de sus propios medios. Sin duda alguna, la intervención socio-educativa es ante todo promoción social, en contraposición directa a la pura asistencia y precisa optimizar las potencialidades  individuales y de cada grupo que integra la comunidad. Sus  principales acciones son la información, la formación y la animación, y  no difieren mucho de la  dirigida a otros colectivos sociales, siempre dirigidos a lograr  la mejoría de la persona a través de su crecimiento y desarrollo personal.

La actitud del educador debe proponerse  permitir y promover que las personas sean independientes, propiciando el protagonismo de los mayores en el proceso de análisis de necesidades y resolución de problemas mediante el empleo de las capacidades residuales. De esta forma, la intervención socio-educativa  comienza a concretarse en información y animación  y debe progresivamente  ir siendo  reemplazada  por el empoderamiento, en la medida en que  las personas asuman la responsabilidad de sus acciones.

En general, lo cambios más significativos para desarrollar acciones con fines educativos son las alteraciones cognitivas por una parte y las modificaciones  que dependen de los trastornos en la personalidad y el afrontamiento a los retos que impone la edad, por otra.

Entre los cambios cognitivos se incluyen como más relevantes en el proceso de aprendizaje las modificaciones  de la inteligencia y  la memoria. A pesar de que se reconoce que la llamada inteligencia fluída se perturba con el tiempo y deviene en la reducción de la velocidad del procesamiento, la percepción de relaciones, la integración de material nuevo y complejo y la resolución de problemas con presión de tiempo; se ha observado que en los mayores se mantiene, e incluso puede llegar a incrementarse, la  inteligencia cristalizada, más en relación con el pensamiento práctico, la aplicación de conocimientos y habilidades  acumuladas, la productividad profesional  que se deriva del aprendizaje, la experiencia y la educación.

Con respecto a los cambios de la memoria se conoce que las pérdidas son mínimas en la memoria sensorial pero hay una menor efectividad en la  codificación y organización del material por lo que se hacen más difíciles las tareas que exijan un  elevado y mantenido nivel de atención, a la vez que los mayores son más lentos en  la recuperación de información, en revisar su memoria, tomar decisiones y manifestarlas. De cualquier forma, es preciso tener en cuenta que existen elementos no cognitivos, como la motivación, la ansiedad y la precaución que influyen en el rendimiento cognitivo indirectamente y que deben ser identificados y tenidos en cuenta por el educador.

A pesar de todo, numerosos autores coinciden en considerar que tal retardo en  los procesos cognitivos  se contrarresta a expensas de una mayor base de conocimientos y experiencias que se enriquecen y a su vez mantienen funciones como la comprensión, la fluidez verbal o la reflexibilidad, situaciones de resolución de problemas ; pero muchos consideran que tal lentitud pudiera tener una estrecha relación con las motivaciones y se ha demostrado que al explotar las aptitudes conservadas pueden compensarse las pérdidas funcionales sufridas, proceso que se conoce como optimización selectiva con compensación.

Paralelamente a las modificaciones cognitivas, existen rasgos de la personalidad de carácter temperamental como son el neuroticismo, la cordialidad, la extraversión  y la escrupulosidad que no se modifican de forma significativa, y si lo hacen suele obedecer  a pérdidas de salud  o de soporte social; pero no directamente a la edad. El predominio de uno u otro de tales rasgos condiciona muchas veces la actitud de la persona mayor ante la vejez, de manera que mientras que las personas con predominio del neuroticismo la consideran una crisis relacionada sólo con problemas de salud,  los extravertidos tienen una mayor tendencia a mantenerse activos, eficaces y socialmente implicados, son  más capaces de enfrentar esta etapa de forma positiva, con mayor propensión a luchar por una envejecimiento satisfactorio y una calidad de vida óptima.

Como es lógico, las modificaciones que impone el paso del tiempo  condicionan que las técnicas pedagógicas a emplear en este sector de la población se ajusten a las características del mismo, partiendo de una perspectiva integral de la educación en la que están implícitas todas las facetas de la vida  de la persona. Por esta razón, se acepta que la educación Gerontológica debe ser especialmente  realista, al adaptarse a las  circunstancias de cada individuo, positiva porque persigue la humanización en busca de una mejor calidad de vida y flexible porque tendrá  que considerar a cada caso en particular

En términos metodológicos, las tareas deben ser:

·      Intencionales y no improvisadas
·     Enmarcadas en un proceso de planificación estratégica que responda a los objetivos trazados  en relación con las necesidades identificadas, respetando las cuatro fases propias de la Planificación estratégica y su secuencia  (diagnóstico, programación, ejecución y evaluación).
·  Mediante el empleo de técnicas metodológicas ajustadas a las singularidades de lo mayores y en general   suelen ser más útiles las de tipo participativo, a través de las cuales cada individuo construye por sí mismo el conocimiento de acuerdo a sus características e intereses propios.

Formar es mucho más que ofrecer información, es enseñar  a guiarse con los conocimientos impartidos, a ordenarlos y clasificarlos; se convierte en un medio para que cada persona consiga transformaciones, con objetivos  consistentes, en lo individual y en lo social, de manera que la capacitación debe favorecer las formas de expresión propias de cada individuo o grupo, a partir de sus experiencias de vida y sus valores específicos, constituyendo una de las armas más poderosas de las que dispone la sociedad para apoyar y facilitar el desarrollo y crecimiento personal sin excluir a ningún grupo de edad y propiciando la armonía en el entorno social.