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En busca de la Interdisciplinariedad: Interdisciplinariedad y Gerontología

Lunes, 07 de Mayo de 2007
Envejecimiento y vejez

En memoria del Padre Alfonso Borrero Cabal, S.J.
[Cali, noviembre 28 de 1923 – Bogotá, Mayo 3 de 2007].
AIG de Colombia
Asociación Interdisciplinaria de Gerontología
Personería  Jurídica No. 838 de 1994

               
EN BUSCA DE LA INTERDISCIPLINARIEDAD:
INTERDISCIPLINARIEDAD Y GERONTOLOGIA


Alfonso Borrero Cabal, S, J.

(Conferencia pronunciada en el Simposio AIG sobre envejecimiento–1996, realizado en Cali, en la sede de la Universidad Javeriana. Publicado en el libro: Desafío y Horizontes en Gerontología, Bogotá: Ediciones AIG, pp. 25-53).   

    -I-

    LA  INTERDISCIPLINARIEDAD

 En foros, libros y discusiones de todo orden es frecuente el uso de la palabra interdisciplinariedad. Mucho se la invoca -como lo prueba este Simposio.  El éxito del término es innegable, pese a que los encomendados a su imagen encuentran dificultoso situarlo históricamente, definirlo, y ponerlo en práctica. Es atractiva la palabra, y se la esgrime como panacea epistemológica de la consciencia científica de nuestros días.

Estas son expresiones de Georges Gusdorf cuando introduce su estudio  sobre el presente y el futuro de la interdisciplinariedad, y también de su pasado, porque  la palabra, aunque  de cuño reciente, nos trae remembranzas seculares.

Afirma Michael Carton que el debate sobre la interdisciplinariedad se ha enriquecido a partir de los años sesenta, ya se trate de simple intercambio de ideas entre especialistas, o de unificantes articulaciones.


    Prehistoria y reciente historia de la Interdisciplinariedad

Tiene un pasado la interdisciplinariedad, y Gusdorf lo resume luminosamente. Sin hacer uso del novedoso término, las relaciones y articulaciones interdisciplinarias se reflejan, primero que todo, en los escritos que congregaron los orígenes de la ciencia occidental. Hoy, el prefijo inter acentúa la necesidad de articulaciones, cooperaciones e interacciones científicas para mitigar tendencias a la dispersión. El apósito disciplinariedad denota la disciplina y orden a que deben ser sometidas las ciencias por mandato de conscientes imperativos, sobre los cuales volveré.   

+La interdisciplinariedad se presiente en los arreglos pedagógicos de la Antigüedad. Los sofistas griegos (s.V. a.C.) ﷓continúa señalando Gusdorf﷓, "patriarcas de nuestra pedagogía", hablaron de enkuklios paideia o pedagogía circular, mediante la cual el discípulo circundara las disciplinas y elaborara su redondez intelectual. Los romanos recogieron esta tradición, después cristianizada por la paideia cristiana de Clemente Romano y Gregorio de Nisa. Heredera de tan arraigado sentido de unidad ﷓orbis doctrinae﷓ será la sabiduría medieval, pues el  trivium y el quadrivium de la universidad primigenia se alzaron como arquitectura científica unitaria de la facultas philosophica, mantenida en alto por siglos prolongados.

La Ratio Studiorum  de la Compañía de Jesús vació en moldes renacentistas el flujo de tradicional unidad, hasta que, a juicio de Gusdorf, en 1760 la enkuklios paideia o pedagogía circular empezó a destruirse "sin que nada fuera puesto en su lugar". Sobrevino "cancerosa proliferación de sugerencias, de esquemas y de experimentos concernientes a toda suerte de instrucciones que se transmitían y cambiaban de generación en generación".

+Retornando a los trasuntos de la interdisciplinariedad, en cuanto ella alude a la unidad implícita de la ciencia, se advierte que desde la cuna misma de la revolución científica, grandes mentes, como Descartes (1596﷓1650), se inclinaron a afirmar la unidad del saber que debería ser mantenida para no incidir en dispersiones.

Francis Bacon ﷓"profeta más que científico"﷓ propone en su New Atlantis (1627) cierta especie de utopía basada en la unidad del conocimiento, sueño acercado a realidad en el modelo de las academias y sociedades científicas que prenuncian su próspera existencia desde el siglo XVII, como la Royal Society de Inglaterra, inspirada en la casa de la ciencia o Casa de Salomón.

Poco después, en 1637, el visionario pedagogo checo Juan Amos Komensky o Comenius, denuncia vigoroso el desgarramiento o fragmentación de las ciencias ﷓dilaceratio scientiarum﷓ y planteó la pansophia u omnicomprensión, pues que ninguna ciencia podría sobrevivir en el distanciamiento.

La mente universal del Leibniz (1646﷓1716) impulsó las academias al fundar la de Prusia en 1700. "La raza humana -escribía Leibniz-, en relación con las ciencias que contribuyen a nuestra felicidad, se me asemeja a una multitud que deambula confusa en noche oscura, sin líder, sin orden, sin palabra y sin signo alguno que le ayude a encontrar camino  y a conocerse los unos a los otros. En lugar de tomarnos de la mano para guía mutua y acierto en el camino, nos apresuramos en todas las direcciones, topándonos los unos con los otros (...).  Cuando parece evidente que mejor sería combinar (interdisciplinariamente) nuestro esfuerzo, participarlo con juicio y organizarlo con eficiencia; pero en el presente nadie se atreve a los conatos dificultosos ni se aventura a lo que no haya sido intentado. Cada uno se satisface con lanzarse sobre lo que otros han hecho, copiándose el uno al otro y aun estableciendo encarnizadas riñas".

Bien entendida, la mente de Leibniz contiende en favor de la cohesión íntima del saber universal.

Aun la Ilustración del siglo XVIII y el enciclopedismo ﷓pansophia y polimatía de saberes desatados﷓, que se desbordó en Francia a instancias de D'Alembert y Diderot, y apoyada en la epistemología genética de John Locke (1632﷓1704)  y en Condillac (1715﷓1780), ilustra la quizás fallida tendencia a la unidad dentro de la universalidad de los conocimientos, ya que el arreglo de diccionario o alfabético de los saberes no resultó ser solución aconsejable para el propósito unitario. En el Discours Preliminaire de l'Encyclopédie, escríbía D'Alambert: "El ordenamiento enciclopédico de nuestro conocimiento (...) consiste en reunirlo en el menor espacio posible, y en colocar al filósofo en alto ápice sobre tan vasto laberinto, de manera que desde allí pueda percibir, a golpe de vista y en un sólo momento, todas las artes y las ciencias principales".

Sin embargo, anota Gusdorf, el  método alfabético de los enciclopedistas que pretendía imponer un unitario "monismo epistemológico", fue superado por los "ideólogos" franceses en más fructuoso intento interdisciplinario y no de simple acumulación alfabética de saberes. "Las ciencias, para la facilidad de su estudio, se han dividido en diferentes ramas; pero a medida que penetramos en su hondo análisis, vemos multiplicarse los puntos de contacto. Todas, recíprocamente, inciden en dependencias mutuas", según lo expresó en 1790 un autor citado por Gusdorf. 

Por entonces, cada quien desde su feudo: el químico Lavoisier (1743﷓1794), el naturalista Lamarck (1744﷓1829), el economista, filósofo y político Turgot en 1765, y el historiador Jules Michelet (1798﷓1894), defendían la cosmovisión epistemológica.

Decía Turgot: "En nuestra época, la filosofía, o mejor la razón, extendiendo su imperio sobre todas las ciencias, llevó a cabo lo que en otros tiempos realizaron las conquistas de los Romanos entre las naciones; unió todos los sectores del mundo literario; y arrasó las barreras que hacían de cada ciencia un Estado separado, independiente de los restantes". Y Michelet,  que en 1825 dio a conocer su Discours sur l'Unité de la Science, escribe: "Las ciencias pierden  el más vivo atractivo y principal utilidad cuando sus varias ramas se miran entre sí como extranjeras, cuando la gente pasa por alto el hecho de que cada estudio ilumina y fertiliza los restantes. La Sabiduría antigua nos dice que las Musas eran hermanas (...). El Conocimiento es uno: lenguas, literatura e historia; física, matemática y filosofía, ramas del entendimiento en apariencia removidas unas de otras, de hecho se tocan; o mejor, se combinan en sistema que nuestra debilidad contempla en sucesión, como por partes. Pero un día, cada uno de nosotros se esforzará por aprehenderlas todas en la majestuosa armonía de la ciencia humana".  Y en otro aparte: "Tal es el progreso de la mente: primero ve ciencia; después, ciencias; enseguida, ciencia. Arranca de la unidad (la síntesis); de la unidad a la confusión y el caos (análisis), y retorna a la unidad, a la sinfonía del orden y la luz".

De tan palpable ascenso del gusto por la ciencia convergente es la orquestación de científicos que Benjamín Franklin concibió al proponer que se fundara, al modo británico, la American Philosophical Society en Filadelfia (1743). Tendría ésta al menos siete miembros, por ejemplo: "un médico, un botánico, un matemático, un químico, un estudioso de la mecánica, un geógrafo, y un estudioso de la filosofía natural". Transcurrido algo más de un siglo (1859),  doce  entusiastas de nuestro medio y raigambre cultural científica fundan la Sociedad de Naturalistas Neogranadinos para el estudio concertado de nuestros recursos naturales. 

Es hito clave el acatamiento que obtuvo la "interdisciplinariedad de Hegel" (1770﷓1831) en la Alemania del siglo XIX, frente a la tendencia dispersora del positivismo de Comte (1798﷓1857). Similar simpatía ornó la obra de Alejandro de Humboldt, Kosmos (1844), inspirado intento de epistemología interdisciplinaria, al cual el autor le situó como epígrafe la sentencia de Plinio (+79): "El poder y la majestad de la naturaleza en todos sus aspectos se echa a perder en todo aquel que la contempla meramente en el detalle de sus partes, y no en su todo". Metopa verbal coincidente con el párrafo que escribió el sabio alemán para cercar en breve texto el contenido de su obra: "Un libro que pretende reunir todo lo que en una época dada se ha descubierto en los espacios celestes, en la superficie del globo, y a la débil distancia en que nos está permitido leer en sus profundidades, puede, si no me engaño, ofrecer aún algún interés, cualesquiera que sean los progresos futuros de la ciencia, con tal que logre en vivo retratar parte siquiera de cuanto el  espíritu humano apercibe como general, constante y eterno, entre las aparentes fluctuaciones de los fenómenos del universo".

El contraste entre las visiones amplias y totales del saber y la termópila ahocinada de perspectiva singular, dictó más tarde a A.K. Chesteron (1874﷓1936) la tan socorrida y sarcástica sentencia: "The specialist is some one who knows more and more about less and less".

Aun el nazismo hitleriano batalló contra la atomización que el liberalismo, según sentir del Führer, había causado en la unidad del saber. Criticó los desmembramientos universitarios en departamentos especializados y en los currículos de asignaturas tan independientes como las aulas académicas separadas por muros infranqueables. Mas la visión nazista, sólo en apariencia compendiosa del saber humano, refractada primero a su paso por el prisma de la política, se sumó después en la ciencia aria, despectiva de todo otro aporte científico, en particular si lucubrado en talentos semitas.


    La Universidad y la Interdisciplinariedad

Procede ahora, en este ensayo, tomar en cuenta la misión interdisciplinaria de la Universidad.

La tendencia unitaria del saber se advierte en los pronósticos universitarios de la Antigüedad: las academias del mundo griego y la Alejandrina del siglo IV a. C.  La universidad medieval ﷓lo tenemos bien sabido﷓ fue manifestación orgánica de la pasión por la unidad institucional.

Cuando la fragmentación epistemológica comenzó a manifestarse en las instituciones del saber, Voltaire (1694﷓1778) se permitió recordarles que "el nombre de universidad arrancaba de suponer que los cuatro cuerpos llamados facultades sustentan una composición de estudios que es universal, porque las universidades incluyen todos los estudios que sea posible proseguir".

Con todo, prevalecieron los vientos de disolución institucional por obra y gracia de las leyes napoleónicas, pese al contrafoque de la universidad alemana del siglo XIX, abanderada con el pensamiento de Fichte, Scheliermacher y Guillermo de Humboldt. De acuerdo con estos pensadores de la universidad, "la vida de la mente es vida en común, vocación al concierto de diferentes hombres empeñados en diversas investigaciones de enriquecimiento mutuo. En la Universidad existe todo orden de conocimientos pero no por sí mismos ni para sí, sino en beneficio de todos y de relación implícita que se da en la totalidad del saber. La universidad es institución interdisciplinaria por excelencia, y esta fue la fisonomía que caracterizó la de Berlín durante gran parte del siglo XIX".

En efecto, en 1880, el por entonces rector de la Universidad berlinesa, en un discurso, se opuso a los que de acuerdo con la obra napoleónica de separar las ciencias de las letras, también en la Universidad de Berlín proponían la división de la Facultad de Filosofía en estudios literarios y científicos. El rector del momento citó las palabras que el gran fisiólogo, profesor de la Universidad de Berlín, E. du Cois Reymond (1818﷓1896) había escrito contra la idea napoleónica: "El estudio exclusivo de las ciencias naturales, al igual que cualquiera otra ocupación exclusiva, reduce el círculo de las ideas. Las ciencias naturales limitan la visión a lo que esté inmediato frente a nuestros ojos y a nuestro cercano alcance; a lo que nos aporta la experiencia directa de nuestros sentidos.  Las ciencias naturales distraen la mente de lo general y de las especulaciones menos ciertas, de manera que se pierde el hábito de moverse en el firmamento de lo indeterminado. En cierto sentido, esta parece ser tendencia justa, pero no cabe duda que cuando las ciencias naturales se convierten en maestras exclusivas, la mente se empobrece de ideas, la imaginación se despoja de vida y el alma de sensibilidad. De resultas, visión estrecha, seca y árida, dejada a la vez de las Musas y de las Gracias".

Tímida reacción en favor de la unidad institucional universitaria la hubo en Francia hacia fines del siglo XIX, cuando Liard, en infructuoso esfuerzo por desasir la universidad gala del deshecho profesionalista napoleónico, apeló, en sintonía con la mente alemana, a la urgencia de enrutarla por la unidad de las ciencias porque la ciencia es una, sin pretender separarlas por ramificaciones profesionales. Se discutía por entonces la Ley del 12 de julio de 1875 en procura de la educación superior libre contra el verticalismo napoleónico. Al soplo de nuevos vientos de libertad, en noviembre de 1873 los obispos y las fuerzas católicas de Francia crean comités que hagan posible la creación de universidades católicas donde los altos estudios puedan vivir inmunes del intervencionismo oficial.

Uno de los objetivos que entonces se buscaba, dice Pierre Henri Prelot, era retornar al espíritu de la universidad medieval, en dos sentidos: la multiplicidad y diversidad de los estudios ﷓pluridisciplinariedad﷓, en contraste con la cerrazón de las facultades únicas de la Universidad Imperial, y como emanadas de la unidad ﷓interdisciplinariedad﷓ de la ciencia.

Similar intento se dio, también en Francia, en 1911. Aludo a la intervención parlamentaria de M. Charles Dupy al deplorar que en su país "la palabra universidad es sólo una palabra(...) porque no hace referencia a organización alguna cuyos elementos sean todos interdependientes y las partes sientan ser órganos del mismo todo. Cada uno obedece a sus propias inclinaciones; los hombres de las leyes y los hombres de las letras forman grupos separados, y en cada una de estas facultades los especialistas crean grupos cerrados, por no decir enemigos de los otros. Es de todos sabido que en la Sorbona, por ejemplo, existe un grupo de historiadores y otro de filósofos entre los cuales media muy escaso contacto e interacción. En el presente, la especialización es reina suprema".

"Pero estas palabras no se aplican hoy sólo a Francia sino también a la situación de casi todas las universidades del mundo". "Napoleon past mort", dice Gusdorf en otra de sus obras. "Hay colmada evidencia de que la patología de la ciencia afecta la civilización contemporánea. La vieja noción de la unidad del saber ha fenecido y el grupo epistemológico es de toda la humanidad, disociación de la existencia humana en el mundo del presente.  La crisis universitaria del decenio de 1960, que culminó  en la revolución Francesa menor de 1968, fue paroxismo de desespero y utopía que develó la quiebra de las antiguas instituciones y la necesidad de remodelar el espacio mental como un todo. Entre las confusas demandas de los airados estudiantes, la noción de interdisciplinariedad fue objeto de frecuentes menciones".

+Con la visión retrospectiva ﷓puntualizante de los trasuntos de interdisciplinariedad en pasadas concepciones unitarias del saber, en los acomodos curriculares, en las mentes de grandes pensadores, y en la organización de la universidad﷓, hemos vuelto sobre la idea de la tesis y de la antítesis, que encierran prenuncios de la síntesis interdisciplinaria que hoy se inicia.

Heidegger, en su enigmático y discutido discurso rectoral de 1933 en la Universidad de Friburgo de Brisgovia, dolorido de la acechanza hitleriana, manifestó nostalgia y deseos de la unidad institucional universitaria en torno a la convergencia de los conocimientos. Recogía palabras de su lección inaugural de 1929 a propósito de Qué es la Metafísica.

Hoy, la casi "repentina reaparición de esta noción" de unidad, ha hecho que "la palabra interdisciplinariedad figure en la agenda de la vida intelectual contemporánea". El concepto está aún "débilmente definido" y apenas insinuado en sus ejercicios. Sin embargo, se nos impone precisarlo y ponerlo en marcha:   

Nos dice Piaget: "No tenemos por qué seguir dividiendo la realidad en estrechos compartimientos hidráulicos; ni en pandos estratos que corresponden a los aparentes límites de nuestras disciplinas científicas. Sentimos un impulso hacia la búsqueda de interacciones y mecanismos unitivos. La interdisciplinariedad ha llegado a ser el prerrequisito del progreso investigativo, de ninguna manera un lujo innecesario ni artículo mercable en baratillo. La reciente popularidad de los intentos interdisciplinares no se debe a caprichos de la moda, ni a sólo los imperativos provenientes de la complejidad de los problemas sociales. Parece resultar de internos devenires científicos".


    Imperativos de la Interdisciplinariedad

De las fuentes que he recogido se desprende que varios imperativos militan en favor de las articulaciones interdisciplinarias:

+Uno es el imperativo axiológico y epistemológico, procedente de la evolución misma de la ciencia. En Jaspers percibimos el anhelo de la universidad que vuele en pos de la universalidad del saber. Mas no del saber concluso y previo sino del saber en sí y del universo estructurado de la verdad total. No se trata de regresiva añoranza del pasado, si bien es cierto que también las ciencias tienen su historia y sus héroes que no pueden echarse al olvido. La inquietud ante la divergencia atélica de los procesos científicos, moderno y contemporáneo, estimula la búsqueda del saber universitario unificado, o al menos de la acción convergente del saber y de las ciencias.

Luyten y Lonergan participan de similar inquietud.  El primero, al anhelar tal unidad del saber ﷓respuesta adecuada a la estructura propia del entendimiento, que es sintético y global﷓, pone la unidad como la gran función universitaria de hoy.  Diríase, una meta ciencia, meta﷓disciplina o ciencia de la verdad misma. Ciencia que introduzca en la realidad el juego de necesarias conexiones de los datos. Ciencia que se extienda más allá de los límites fenomenológicos observables; que conduzca hacia cambios profundos en nuestro concepto de la realidad.  Es el objetivo axiológico que Gusdorf señala cuando propone su concepto de transdisciplinariedad.

+Otro es el imperativo pedagógico y, a la vez universitario pues la explosión y la rápida implosión de los conocimientos han originado la multi﷓disciplinariedad y la pluri﷓disciplinariedad en los currículos de secundaria y del nivel superior de la educación. Es el enciclopedismo curricular, improcedente para habituar la inteligencia del estudiante al ejercicio unitivo del saber. Retornemos a la búsqueda de currículos de veras interdisciplinarios que contribuyan a mitigar el fetichismo y la proliferación de títulos en el nivel superior de la educación.

Opina Vladimir V. Topentcharov que la "aproximación interdisciplinaria (interconexión profunda entre las diferentes disciplinas del plan de estudios) se impone por sí misma a causa del desarrollo de las ciencias y reduce la tensión frente al recargo de trabajo exigido por los estudios. Estimula, además, la lógica interna y ayuda a reducir el contenido de la enseñanza, con 'economía de tiempo', a la vez que facilita la mejor comprensión de los problemas y de los métodos usados por una disciplina o por un grupo de disciplinas". Por la interdisciplinariedad, que "respeta la autonomía de las disciplinas", se moderniza la enseñanza sin necesidad de proceder a cambios radicales de los planes de estudio. "Por tales motivos, a más de otros, la tendencia interdisciplinaria está vigente en algunas universidades de avanzada", si bien es cierto que sus adeptos "no son aún suficientemente numerosos para influir de manera profunda".  Con todo, "el futuro está de parte de la interdisciplinariedad".   

La investigación especializada, en exceso departamentalizada y divergente ha producido óptimos frutos, pero también menguado el sentido de la unidad institucional universitaria, fraccionando ﷓quizás en exceso﷓ el mundo del trabajo.  No ha tenido el éxito que de ella se esperaba para dar solución total y solidaria a los complejos problemas modernos de la sociedad.

Urge concebir y perfeccionar la metodología del trabajo interdisciplinario. Para lo cual mucho ayudará insistir no sólo en la investigación orientada al progreso de la ciencia en sí y sus nuevas aplicaciones, sino consagrar positivo esfuerzo a la investigación orientada a la solución de problemas concretos y vitales de la sociedad.

Con razón se piensa hoy en necesarios límites de las ciencias. Límites internos o límites externos a ella; límites de facto o límites de derecho ﷓de jure﷓ a su explosión, implosión y expansión dominante.

El profesionalismo minucioso es enfermedad del mundo moderno. Condescendientes en demasía se han comportado las universidades con la sociedad, al pretender prepararle especialistas y técnicos con la exactitud micrométrica de las piezas intimadas por la maquinaria social del trabajo como empleo. Más requiere ella el profesional científico investigador en todos sus actos, capaz de las grandes síntesis provenientes de la concepción unitaria del saber. Así el profesional se tornará más crítico a la vez que plástico y adecuable a la gran movilidad laboral y social de nuestros tiempos.

+Hay también un imperativo de orden cultural y ético en favor del acercamiento interdisciplinario.

A las claras, ciencia y tecnología ﷓conjugadas hoy hasta hacerse casi imposible definir sus límites﷓ tiñen con sus tonos el universo cultural de la humanidad moderna.  Con ello han producido, se dice con razón suficiente, la desestructuración de las culturas tradicionales; la inversión y relativización de los valores culturales; el desarraigo de los individuos y los pueblos del seno de su propia cultura; la inautenticidad, la artificialidad y el mediatismo entre el hombre y su medio; el existencialismo de la vida y la ofuscación de las perspectivas trascendentales del hombre.

+Sin embargo, por fuerza debe reconocerse la gestión cumplida por la ciencia y el valor de sus respuestas a muchas de las necesidades temporales y materiales de la humanidad. El binomio simbiótico de ciencia y técnica es expresión auténtica de aquella tendencia racionalista cuyos orígenes están en la Antigüedad; y que tras pausa expectante de algunos siglos, a partir de la revolución científica, con su aliado o efecto resultante de la industrialización, ha venido allegándose a todos los recodos del mundo, mediante el vehículo transmisor de la transferencia de la tecnología.

De resultas, la nuestra es civilización de ciencia y técnica a la cual se adhieren poco a poco todos los sistemas políticos vigentes. Aspiración justa, conviene declararlo, de los sectores más lerdos y lentos en el proceso de desarrollo. Pero nuestra civilización confunde el auténtico desarrollo con el desarrollismo impuesto por la nueva ideología rampante que lo iguala al progreso de la ciencia por la ciencia, de la  técnica por la técnica y en la técnica, convirtiendo a éstas en la clave cimera del concepto de la cultura, promisorias sólo del incremento cuantitativo de bienes, en desmedro del desarrollo cualitativo de los pueblos.

Hemos desembocado en una civilización genuinamente urbana: el triunfo de la ciudad sobre el campo. La ciudad moderna, industrializada, es menguado arquetipo de la cultura real. En su textura y concepción, la ciudad de hoy conjuga todos los efectos y manifestaciones de la ciencia, la técnica y la industria. Es la victoria del consumo sobre la producción necesaria para la vida.

El esfuerzo interdisciplinario es estímulo hacia nueva forma de racionalidad, promisoria de cultura auténtica y humana.  Es imperativo racional del hombre puesto al servicio de las más altas apetencias culturales.

Algo de este corte escrbía Robert J. Oppenheimer (1904﷓1967) allá en los años sesenta, cuando tuvo a su cargo el Institute for advanced Study en la Universidad de Princeton: "Desde la historia hasta la biología, el gran arco de la ciencia está hoy a punto de abrasarse en gigantesco incendio; para lo cual debemos las universidades estar preparadas, no sea que se lesione nuestro equilibrio y se corroa la vitalidad social... El receptáculo de todos los conocimientos a nuestra disposición, y las agencias a las que tanto saber hoy se les confía, están conformadas por comunidades de especialistas y no sólo por personas aisladas. El mundo de los conocimientos es enjambre de grupos, cada uno poseedor de gran saber, pero de apenas muy tibias relaciones con los dominios científicos circunvecinos. Hay aún una cierta especie de feudalismo, al estilo de las guildas medievales, dentro del gran universo del saber. Algunos nexos de intimidad, de saberes comunes, de mutua comprensión, de clarividencia y de buena voluntad, mantienen afines a tantos grupos especializados, lo que vemos con halagüeña esperanza; pero también con mucho temor y melancolía por no ser, las dichas ataduras, suficientemente vigorosas".

Como quien dice, comenta a esto Ian Winchester, que por causa de la dispersión de los conocimientos, las ciencias, dejada cada una a su propio arbitrio, terminarán por destruirse, arrasando de paso la cultura total y los valores. Pero "a las ciencias -arguye Oppenheimer- ya les llegó el término de su inocencia" irresponsable. "Los científicos ya conocen su pecado".

+Señalo, para concluir en este aparte, el imperativo social que es, a la vez, investigativo y práctico.

La investigación especializada y divergente ha producido óptimo frutos, pero también despiezado, quizás en exceso, el elenco de las profesiones y la organización social del trabajo profesional, sin lograr aún la  atención debida a muy  apremiantes problemas de la sociedad.


    - II -

    CIENCIAS,  PROFESIONES  Y  PROBLEMAS SOCIALES

Históricamente hablando, el ramificado desarrollo de las ciencias ha traído con sigo la proliferación de profesiones y especialidades y, porque éstas existen, hay razón  suficiente para  aproximarlas, relacionarlas y articularlas para muchos efectos: entre otros, el estudio y solución de problemas sociales de gran complejidad. En otros términos, porque hay ciencias, profesiones y especialidades, hay interdisciplinariedad.

Las diversas profesiones universitarias, alimentadas de sus ciencias  sustentantes, atienden en forma competente el compromiso o asunto concreto que cae dentro del  ámbito del respectivo ejercicio profesional. Vías, puentes y obras civiles son asuntos de ingenieros. La defensa de los derechos; el señalamiento de los deberes, y la clarificación de los delitos, caen bajo la jurisdicción de quienes se desempeñan en la profesión jurídica. El diseño de vivienda y edificios corre a cargo de los arquitectos. Los prodigios modernos de la informática, dejémoslos  al talento y manos de los electrónicos. De los profesionales de la salud es el muy noble ejercicio de la medicina...

Pero no todo en la vida es sólo ciencia y profesión, ni de repartidas responsabilidades entre ciencias, pericias  profesionales, o manejos y ojos del encuevado especialista.

Los problemas no son ciencias, aunque a éstas se acuda para lograrles solución, y ocurre también que la natural complejidad de un problema no dependa, para ser solucionado, de sólo tal o cual ciencia, profesión o especialidad. Por estas causas, deben las universidades reflexionar que si en sus adentros abundan en ciencias, disciplinas,  profesiones y especialidades, por fuera pululan los problemas en el seno de la sociedad.

¿Es acaso el tráfico vehicular y peatonal urbano asunto exclusivo de ingenieros y del político que en su turno oficia como alcalde? ¿Es sólo del abogado juzgar del delito y no también, en sus causas remotas, responsabilidad de  los educadores? ¿Son la vivienda y el diseño urbano cimas reservadas a la creatividad y luces soñadoras del arquitecto presuntuoso? ¿El respeto a la propiedad intelectual es acaso problema ético y jurídico del cual puedan desentenderse quienes planifican la textura de los internets? ¿Por qué pensar que el problema ecológico deba rotulársele al encerrado estudio y dictamen de quienes nos encantan con la descripción de los ciclos químico-biológicos, sin que nada tengan que decir tantas ciencias y profesiones responsables del derecho a la vida de los actuales y futuros habitantes del planeta? ¿Es la biotecnología monopolio de los conocedores de la entraña celular, y de los médicos la moderna ciencia o consciente problema de la bioética? Por qué insistir en que el pleno desarrollo social es sólo de la economía y los economistas bajo la estricta fórmula del costo-beneficio?


    - III -

    INTERDISCIPLINARIEDAD Y GERONTOLOGIA

Si de lo primero y anunciado en el presente ordinal -la interdisciplinariedad- algo me he atrevido a exponer y algo más diré, poco o casi nada me es dado ilustrar sobre la gerontología.

    Espontánea visión

Para entender el  significado de este término, me acojo a superficiales luces que me aportan el sentido común; la afición a escrutar el origen semántico de las palabras, y mi propia y actual experiencia vital -pues que ya siento estar pisando umbrales de mi tercera edad.

En diccionarios busqué apoyo para confrontar la ingenuidad de mis conceptos, y creo así entender que si la geriatría es parte de la medicina en cuanto profesión encargada del estudio y tratamiento de la vejez y sus comportamientos, la gerontología es dizque la ciencia que se ocupa  del estudio de todos los problemas que plantea la etapa senil de la vida.

Pensando más al escribir estas líneas, deduje que la vejez no es de suyo una enfermedad, si bien es cierto que hay patologías que normalmente la afectan. No tengo, pues, razón válida para pedirle cita a los geriatras, aunque sí acepto que la geriatría es un ramal especializado del arte médico y, como éste, fundamentado en las ciencias básicas de la salud.

¿Y qué entones de la gerontología? Se me antoja mejor pensar, a diferencia de lo por doquier escuchado, que la gerontología, a pesar de su denominación, no es propiamente una ciencia. Es más un tremendo y apremiante problema social que también afecta el bienestar debido a todo el pueblo colombiano y a la paz de Colombia, y del cual deben ocuparse la familia, la sociedad, la legislación, los estados y, por qué no decirlo, los mismos ancianos.

Sucede con las ciencias y saberes que demuestran la posesión de su correspondiente y definido estatuto científico como conjunto cohesionado o sistema de conocimientos ciertos de un objeto, por sus principios y sus causas, a fin  de obtener del dicho objeto comprensión intelectual, unitaria y objetiva, que acuden a diversas denominaciones. Unas mantienen su nombre original, comenzando por la filosofía y  la historia y, otras, su emparentada denominación como la ética, la física y la metafísica, la matemática, la química, la botánica, la genética...  La ciencia de los cuerpos siderales y varias otras ciencias, se dan a conocer en el lenguaje común con el recurso de la desinencia nomía: la astronomía, la economía... La anatomía hace referencia al procedimiento de cortar o analizar para separado estudio y la geodesia, al de observar y estudiar por grandes porciones la realidad estudiada . La geografía, la  oceanografía y algunas otras, siendo reconocidas ciencias, parecen  contentarse con sólo exhibir su flanco descriptivo. Y la terminación 'logía', de tan socorrido uso, designa ciencias como la psicología, la sociología, la antropología, la fisiología.., y también presta su apoyo verbal para hacer referencia a justificadas inquietudes y preocupaciones  sociales, y también intelectuales que aun sin tener definido su estatuto científico, exigen concertados tratamientos.

Son  problemas que requieren,  para su adecuado estudio y solución, el  estudioso y convergente aporte de las disciplinas científicas, de las profesiones y las especialidades. Así, el problema de la gerontología, a no ser que a ésta se la incluya bajo el ámbito científico de la sociología. Los ancianos son parte viva de la sociedad.   

Mas si la gerontología se estructurara como ciencia aparte, alguna profesión le echaría mano como propiedad privada, restándole, por  tanto, sus más amplias y comprehensivas perspectivas.


Volviendo a la interdisciplinariedad...

...no confundible con la omnisciencia individual, algo le tengo estudiado y  escrito sobre las varias operaciones o industrias que la hacen posible.

En unas de las aludidas operaciones, las ciencias se aproximan y relacionan para efectos curriculares y pedagógicos; en otras, además, las ciencias se articulan para efectos pedagógicos y procesos investigativos; interfecundadas, las ciencias y disciplinas propician el avance de las ciencias y,  lo que más viene a nuestro caso, convergen las ciencias, las disciplinas, las profesiones y las especialidades para el estudio y adecuada solución de  los problemas.


    La Interdisciplinariedad compuesta

Aludo aquí a la particular operación de la interdisciplinariedad, denominada por los autores interdisciplinariedad compuesta. Pues se trata de com-poner o poner conjuntamente -como aquí lo hacemos-, frente al problema en cuestión, aquellas disciplinas, profesiones, especialidades y  enfoques que, en principio, algo o mucho tienen que decir  tratar respecto a lo planteado y a su efectiva solución.

Varios otros adjetivos precisan el modo de esta operación de la interdisciplinariedad. Es normativa, y también restrictiva, porque exige el establecimiento de normas que determinen la contribución y la conducta o desempeño de las ciencias, profesiones, especialidades y enfoques, que intervienen para  tratar en torno al estudio y solución del problema dado y que, a la vez, restrinjan sus aportes y aciertos a sólo lo necesario y suficiente. En suma, que la interdisciplinariedad compuesta es acción convergente, y no simple acomodo de paralelas y yuxtapuestas visiones de un problema.

Considero ser superfluo de mi parte entrar en el detalle de cuáles deban ser los enfoques, las disciplinas, las profesiones y las especialidades, que en forma normada y restrictiva entren a com-poner el elenco convergente de visiones sobre el  problema de la gerontología.

Acertadamente, los organizadores de este Simposio las tuvieron bien previstas. Me sucederán palabras de educadores y psicólogos que quizás aludan a la educación permanente y a la educación para el ocio creativo cuando en buena hora le llegue a la persona añosa el momento de su jubilación y del retiro. Como educadores, no debemos olvidar que estamos educando a los ancianos del futuro. Escucharemos contribuciones de sociólogos, porque la sabiduría, la experiencia y la capacidad selectiva de sintetizar, logradas por los viejos con los  años, han sido y son tesoro de las civilizaciones. Nos ilustrarán aportes de arquitectos, pues también las ancianas y los ancianos  siguen viviendo dentro de los ineludibles determinantes de tiempo y de espacio vital, que deben serles afables. Tendremos  acertadas visiones de profesionales de la salud, así la vejez, aunque más vulnerable por la debilidad, la invalidez y las enfermedades, no deja de ser sujeto de derechos y deberes y, ante todo, edad de placenteras plenitudes y de ya muy  esperanzadora  cercanía a la plenitud divina del Creador.     

 Con mi gratitud,

Alfonso Borrero Cabal, S.J.